
Como decía el maestro Weber las ideas cambian el mundo. Así que no es de extrañar que en lugar de conocimientos quiera exponer ideas.
A veces, sin motivo aparente nos sentimos extraños en nuestros propios cuerpos, como si, por un momento, nos diéramos cuenta de la naturaleza incorpórea de nuestra energía, de la vida en sí. Hoy durante unos segundos he sentido esa misma sensación. Unos amigos han decidido ir al cine y yo he tenido la suerte de ser la invitada del día. Estaba esperando junto a la taquilla mientras ellos sacaban las entradas y de pronto algo me ha llamado la atención. Como una niña, me he quedado anonadada mirando mi propio reflejo en la pared de metal. Mi mente ha divagado y ha imaginado miles de cosas mientras observaba cómo de mis dedos parecían salir finitos rayos de luz (un efecto muy normal cuando algo de tonalidad clara se refleja en una superficie de metal pulido). Eso me llevó a la reflexión de si pudiéramos manipular nuestra propia energía ¿Mejoraríamos el mundo o por el contrario resultaría una responsabilidad demasiado grande? Una duda bastante razonable hizo que durante un rato, mientras caminaba junto a mis amigos que reían y charlaban alegremente, me mantuviera un poco alejada psicológicamente de la conversación. Duda que terminó por resolverse horas después cuando acudimos de nuevo a las salas de cine para ver la película Watchmen.
En ella tratan el tema, mediante el Dr. Manhattan, del poder absoluto que llega a manos de un ser humano y cómo éste pierde su propia humanidad y todo lo que le une a la Tierra debido su obtención. Lo tratan como a un dios, sin embargo él sabe que no lo es. Ya no es nada, ni un ser como el resto, ni un todopoderoso y omnipotente ente. Buscando un mayor manejo del poder llegan a la conclusión de que no podemos hacernos cargo de tan impresionante manifestación de energía pura y, como cuando le quitamos a un chiquillo las tijeras por no ser consciente del daño que puede ocasionarse a sí mismo o a los que están a su alrededor, se opta por maniatar a la Ciencia y con eso el progreso y la autodestrucción a la que, por simple naturaleza del ser humano, estamos caminando voluntariamente.
